La vesícula biliar es un órgano en forma de pera, se encuentra localizado debajo del hígado y funciona como reservorio de la bilis. Drena su contenido a través del conducto cístico hacia la vía biliar principal y esta a su vez, al duodeno.
La vesícula biliar al enfermarse produce cálculos, a esta enfermedad se denomina colelitiasis.
La colelitiasis es una de las enfermedades gastrointestinales más frecuentes a nivel mundial. En el Ecuador dentro del Registro Estadístico De Camas y Egresos Hospitalarios 2019 (INEC), la colelitiasis es la primera causa de morbilidad con 43.673 egresos, siendo mayor en mujeres que en varones.
Los cálculos biliares tienen tendencia a tener molestias sutiles y de no ser tratadas pueden causar una emergencia quirúrgica. La colecistitis aguda es una complicación frecuente de los cálculos biliares.
La colelitiasis resulta de una interacción compleja entre factores ambientales y genéticos; en general, podemos resumir los factores de riesgo en las 4F (por sus siglas en inglés): edad 40 años (Forty), mujer (Female), edad fértil/embarazo (Fertil), obesidad (Fat).
Aprenda a identificarlos
Los cálculos biliares pueden no causar ningún síntoma en hasta el 80% de personas. El riesgo de tener síntomas asociados es del 2–3% por año y complicaciones 1–2% al año. Complicaciones como colecistitis aguda, pancreatitis aguda, coledocolitiasis entre otras.
Los síntomas ocurren cuando se obstruye la salida de bilis de la vesícula biliar por un cálculo en el conducto cístico generando a posterior dolor abdominal tipo cólico en el hipocondrio derecho o epigastrio, este dolor puede dirigirse hacia la espalda y/o el hombro derecho; generalmente, el dolor es posterior a la ingesta de comida con alto contenido en grasa.
Menos tiempo de recuperación
En la actualidad la cirugía mínimamente invasiva ha marcado un antes y un después en el ámbito quirúrgico. El abordaje quirúrgico mediante laparoscopía ha demostrado ser de gran utilidad y tener mayores beneficios si se compara con el abordaje abierto. La laparoscopía ha demostrado menor dolor postquirúrgico, menor estancia hospitalaria, menor infección de sitio quirúrgico, retorno más temprano a las actividades cotidianas; así como menor mortalidad.
El tratamiento definitivo es la colecistectomía, siendo la colecistectomía laparoscópica el mejor abordaje en la actualidad. Este procedimiento consiste en colocar un trocar de 10 mm a nivel del ombligo, posteriormente se insufla CO2 para crear un espacio que permita visualizar las estructuras y trabajar dentro de la cavidad abdominal, a esto se lo denomina neumoperitoneo, posteriormente se colocan tres trocares adicionales: uno de 10 mm por debajo del apéndice xifoides, uno de 5 mm a nivel subcostal línea medio clavicular y otro de 5 mm en la línea axilar anterior.
Posteriormente se coloca al paciente en posición de Trendelenburg invertida y se inicia la disección de las estructuras con instrumentos especialmente diseñados para cirugía laparoscópica. Luego se identifica la visión crítica de seguridad que consiste en visualizar que únicamente dos estructuras ingresen a la vesícula biliar (conducto cístico y arteria cística) y el tercio inferior de la placa cística. Una vez se obtiene la visión crítica se procede a colocar clips en el conducto y la arteria cística y posteriormente se seccionan; para luego completar la colecistectomía.

